Homilía 16.09.2025 / Martes de la 24ª semana del Tiempo Ordinario

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Evangelio de Lucas 7:11-17 La Resurrección del Hijo de la Viuda de Naín

Contexto del Evangelio

  • El pasaje se centra en un evento donde Jesús se encuentra con una viuda que ha perdido a su hijo único mientras se dirige a la ciudad de Naín.
  • Un gran grupo acompaña a Jesús, lo que resalta la importancia y el impacto social del milagro.

Milagros de Resurrección

  • Se mencionan tres milagros de resurrección realizados por Jesús: Lázaro, la hija de Jairo y el hijo de la viuda de Naín.
  • La escasez de estos milagros subraya el mensaje sobre la aceptación de nuestra mortalidad y condición humana.

Aceptación de la Mortalidad

  • Jesús enseña que aunque no somos inmortales, sí somos eternos; aceptar nuestra mortalidad es esencial para prepararnos para la vida eterna.
  • Las resurrecciones son temporales; eventualmente, todos volverán a fallecer, lo que enfatiza el aprendizaje sobre nuestra naturaleza mortal.

Compasión y Soledad

  • La compasión de Jesús hacia la viuda refleja un profundo entendimiento del drama humano y la soledad.
  • Se propone combatir la soledad mediante dos experiencias:
  • La presencia divina en nosotros (Dios habita en nosotros).
  • La amistad cristiana como apoyo fundamental.

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Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo (3,1-13): Es cierto que aspirar al cargo de obispo es aspirar a una excelente función. Por lo mismo, es preciso que el obispo sea irreprochable, que no se haya casado más que una vez; que sea sensato, prudente, bien educado, digno, hospitalario, hábil para enseñar; no dado al vino ni a la violencia, sino comprensivo, enemigo de pleitos y no ávido de dinero; que sepa gobernar bien su propia casa y educar dignamente a sus hijos. Porque, ¿cómo podrá cuidar de la Iglesia de Dios quien no sabe gobernar su propia casa? No debe ser recién convertido, no sea que se llene de soberbia y sea por eso condenado como el demonio. Es necesario que los no creyentes tengan buena opinión de él, para que no caiga en el descrédito ni en las redes del demonio. Los diáconos deben, asimismo, ser respetables y sin doblez, no dados al vino ni a negocios sucios; deben conservar la fe revelada con una conciencia limpia. Que se les ponga a prueba primero y luego, si no hay nada que reprocharles, que ejerzan su oficio de diáconos. Las mujeres deben ser igualmente respetables, no chismosas, juiciosas y fieles en todo. Los diáconos, que sean casados una sola vez y sepan gobernar bien a sus hijos y su propia casa. Los que ejercen bien el diaconado alcanzarán un puesto honroso y gran autoridad para hablar de la fe que tenemos en Cristo Jesús. Palabra de Dios Salmo Sal 100 R/. Danos, Señor, tu bondad y tu justicia Voy a cantar la bondad y la justicia; para ti, Señor, tocaré mi música. Voy a explicar el camino perfecto. ¿Cuándo vendrás a mí? R/. Quiero proceder en mi casa con recta conciencia. No quiero ocuparme de asuntos indignos, aborrezco las acciones criminales. R/. Al que en secreto difama a su prójimo lo haré callar; al altanero y al ambicioso no los soportaré. R/. Escojo a gente de fiar para que vivan conmigo; el que sigue un camino perfecto será mi servidor. R/. Evangelio de hoy Lectura del santo Evangelio según san Lucas (7,11-17): En aquel tiempo, se dirigía Jesús a una población llamada Naín, acompañado de sus discípulos y de mucha gente. Al llegar a la entrada de la población, se encontró con que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de una viuda, a la que acompañaba una gran muchedumbre. Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: «No llores.» Acercándose al ataúd, lo tocó y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces dijo Jesús: «Joven, yo te lo mando: levántate.» Inmediatamente el que había muerto se levantó y comenzó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre. Al ver esto, todos se llenaron de temor y comenzaron a glorificar a Dios, diciendo: «Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.» La noticia de este hecho se divulgó por toda Judea y por las regiones circunvecinas. Palabra del Señor